Este año en el Festival de Cinema de Sitges hemos visto más bien pocas películas, tan sólo algunas elegidas por las ganas que teníamos o porque sean rarezas o bizarradas que no esperamos poder ver en otros sitios. Uno de los directores favoritos del Festival desde siempre (y también nuestro) es sin duda el japonés Takashi Miike que nos cautivó en el pasado con algunas de las mejores películas asiáticas extremas que hemos visto nunca; ahora tenemos una adaptación como la de Bad Lieutenant Tokyo, de un clásico del cine extremo de Abel Ferrara que Miike versiona libremente y adapta a la cultura japonesa. Como introducción os diremos que en los últimos años hemos visto como una involución en este director (hablando desde nuestro punto de vista), la verdad es que lleva ya unos años dedicado al cine más comercial, siempre dentro del género de terror o suspense, pero haciendo películas que puedan ser aceptadas por todo el mundo, así que se aleja de lo que más nos atraía de su cine; también os diremos que no todo lo que hace llega a nuestro país, pero conociendo a los programadores del Festival de Sitges, si hubiera alguna novedad extrema, sin duda se proyectaría en este festival. Así que esperábamos que, conociendo la obra original de Abel ferrara, esta pudiera ser la redención de Takashi Miike y que nos iba a premiar con una de sus mejores películas; ya os contamos luego como han ido.

Al igual que en su versión original, la película trata de un policía vicioso, muy enganchado a las drogas, el juego, las putas… aprovechando su profesión para acceder a lo que necesita y para exportar a los bajos fondos. Por supuesto, todo esto acaba colapsando, su familia lo deja, acaba viviendo con dos chicas alegres, la mafia lo persigue por sus deudas, tiene que pedir favores a un traficante de drogas muy tirado… Pero a cambio, como policía, se hace con dos casos, que le son asignados precisamente por su intuición y por lo bien que se sabe mover por los bajos fondos; uno de ellos es la muerte de varios miembros de la yakuza a los que encuentran desnudos y con l cabeza completamente torsionada, el otro es la ayuda a una investigadora americana del FBI para encontrar a la hija de un político. E ambas misiones, así como en el resto de su vida, se siente tentado a aprovecharse de todo lo que pueda en su propio beneficio, dañando a la gente que le rodea para poder seguir con su vida de pecados; pero algunas cosas le harán reflexionar si realmente merece la pena o si es mejor intentar redimirse y hacer el bien.
Para empezar y para no atacar a uno de nuestros directores favoritos, tenemos que decir que es una buena película, con cierta calidad artística y argumental; bien dirigida, una adaptación correcta, sin copiar directamente a la original, llevándola hacia su terreno (introduciendo la yakuza, algunas cosas muy típicas japonesas, cambiando los caracteres de los personajes, etc.). También la narración la vemos muy correcta, quizás un poco apresurada, con media hora más se habría podido hacer una mejor introducción del protagonista y así habría cogido más importancia y nos habrían afectado más sus decisiones; pero para nosotros ha sido un acierto tener la intro para dejarlo por los suelos, después no uno sino dos casos, que pensábamos que convergirían en algún momento, pero sólo sirven para reforzar las decisiones personales del protagonista), y un final discutible, pero bien llevado.

Ahora, ¿qué es lo que no nos ha convencido nada de la película y por lo que se quedará como una más? La cual dentro de un año ya ni recordaremos. Pues, para empezar, como en todos sus últimos trabajos, nos falta ese toque Miike; la película tiene acción, incluso tiene alguna escena bastante sangrienta, no decimos que no sea extrema, pero antes Miike siempre introducía alguna bizarrada que sólo se le podía ocurrir a él, también hacía que todo fuera como más extremo, llevando todo al límite: la acción tenía que ser salvaje, la violencia tenía que ser desagradable, los personajes tenían que ser muy locos, etc.
Y otro factor, quizás incluso más importante que el toque Miike, es la limpieza de la película; cuando con un argumento así habríamos querido ver la parte más sucia de Japón, los bajos fondos de verdad, la mafia más callejera y rastrera, en general algo sucio y repugnante; aquí tenemos el concepto, pero las imágenes son incluso agradables en casi todas las escenas con un genial estilismo, recordando a cualquier thriller japonés sobre un policía corriente, en ningún momento tenemos la sensación de alguien que está en sus últimos momentos, como debería ser; incluso el protagonista tiene un aspecto, unas expresiones y una forma de hablar de lo más sano, en ningún momento diríamos que es alguien afectado por las drogas y la soledad, si no todo lo contrario. La idea de la trama principal no encaja para nada con la imagen que reciben nuestros ojos, no es para nada creíble.
No os contaremos mucho de su director Takashi Miike (Audition, Ichi the killer) que no hayamos dicho a estas alturas, tan sólo que vemos que en los últimos años parece que está destinado a contentar a unos productores y a una audiencia global, no a hacer lo que le salga a él de allí sin preocuparse por nada.
En definitiva, un thriller correcto, con sus buenas dosis de acción, violencia, etc. una adaptación libre bastante bien llevada a una cultura completamente distinta a la de la película original, pero al final una película sin fuerza, sin diferenciación, sin el toque Miike, como está pasando en sus últimos trabajos.
– Lo mejor de la película:
Como thriller, si no la comparamos con nada, es una buena película.
– Lo peor de la película:
Su protagonista, al que no nos creemos para nada.





