Monster X strikes back, diversión asegurada

Ya estamos aquí de vuelta con un poco más de tokusatsu del bueno, de ese que nos hace reír tanto, en este caso de nuevo nos adentramos dentro del kaiju eiga hecho en Japón (como no) y una película llamada The monster X Strikes back, continuación (o más bien inspirada) en una clásico llamado The X from outer space, una de esas miles de películas de monstruos en blanco y negro que se hacían en los años ’60; en este caso os recomendamos que no os la perdáis si os gusta este género porque es una película que de verdad vale mucho la pena.

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El monstruo bailando

La historia empieza en una reunión del G8 en Japón, dónde se reúnen los máximos dirigentes de los principales países del mundo para hablar sobretodo del medioambiente. Durante esta reunión aterriza muy cerca un meteorito venido del espacio que lleva en su interior un monstruo gigante al que llaman Guilala y que empieza a destruir todo lo que encuentra a su paso; los dirigentes deciden que es su obligación intentarlo detener y cada uno hace su tentativa con los recursos de los que dispone su país, pero se ve que este monstruo es irreductible. Al mismo tiempo Hay un par de reporteros de un periódico sensacionalista que están buscando la mejor noticia de toda esta situación; así que se encuentran con un templo y unos seguidores que ya conocían la llegada de este monstruo, pero también de un salvador. Entre todos invocan al salvador Tae-Majin para que venga  ala tierra y luche contra el monstruo para salvarlos.

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El salvador Take-Maji

Toda la película es una auténtica risa, pero en diferentes niveles; al principio nos reímos de los dirigentes, de lo ineptos que son y de las broncas que tienen entre los distintos países, viendo una reunión que es más bien una gran farsa; después cuando llega el monstruo, ya nos morimos de risa solo con ver su aspecto, algo más tarde, también con todos los intentos de acabar con el monstruo, la mayoría de ellos muy ridículos (cavar un agujero para que caiga, meterle gas venenoso, una inyección de plutonio…) y con los políticos, como se van envalentonando para decir su propuesta y como caen y son la burla del resto cuando fracasan; también nos han encantado los bailes del culto religioso, bastante ridículos; pero lo mejor de la película, lo que la hace ser merecedora de su título, es cuando en la última parte aparece el Take-Majin con su gran porte y su cara de niño bueno y se pone a luchar contra el Guilala en un combate de wresling entre dos frikis con disfraces de látex que nos hace disfrutar más que nada de la película (y eso que hay otras partes muy buenas también).

La película, como no, representa todos los estereotipos y todas las características clásicas de los kaiju: monstruos de látex, buenas maquetas, armas de todo tipo, destrucción masiva, luchas de monstruos, pequeños humanos intentando derrotar a monstruos invencibles… pero lo que de verdad la hace tan grande es como se lo toma todo a broma, como consigue obtener un presupuesto digno (aunque siga con los efectos clásicos y bizarros) y como aprovecha para quejarse de muchas situaciones políticas actuales, como el poder de unos poco países que dominan el mundo, los tópicos de cada país, la incompetencia de los dirigentes… que con muy buen humor nos hace reírnos de toda la situación que estamos viviendo.

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Aquí un regalito con el director

El director de esta maravilla es Minoru Kawasaki, conocido también por películas igual de absurdas como Calamri wrestler o Executive koala, y las miniaturas las ha hecho Hiroshi Sagae, que ya trabajó en alguna entrega de Godzilla y alguna de Gamera antes que esto. Los dos han hecho una trabajo bastante digno (por tratarse de este género), pero sobretodo muy divertido y alo un poco distinto de lo que estamos acostumbrados para una película kaiju tradicional.

En definitiva, una kaiju de los más divertidos que nos hemos encontrado nunca, no sólo como maquetas, disfraces, etc. sino porque ni siquiera él se toma en serio a si mismo; y mucho más por la crítica que nos hace de todo el sistema político actual.

  • Lo mejor de la película:

Los bailes de Guilala al atardecer y el careto indescriptible de Take-Majin.

  • Lo peor de la película:

Nada, es imposible no reírse con ella.

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