La felicidad de los Katakuris, comedia negra por Miike

La película de hoy seguro que gusta a todos nuestros seguidores, aunque es bastante antigua y quizás ya la habréis visto todos, pero es algo que hacía tiempo que teníamos pendiente. Se trata de La felicidad de los Katakuris, una comedia negra japonesa de nuestro amigo Takashi Miike, que además tiene una gran parte de musical; está basada en otra película coreana que no tuvo tanta repercusión, que se llamaba The quiet family y que nos muestra una situación poco extrema, en realidad, pero bastante original y fue, además, la que nos hizo ver que Miike no era sólo un japonés descerebrado que hacía buen cine extremo, sino que sabía entrar en otros géneros como el de la comedia, y que ha explotado y  mejorado más tarde con películas como Yatterman, Ninja kids o la reciente Ace attorney; aunque quizás esta sea la que además tenga un mayor contexto social.

La historia se basa en una familia japonesa: un matrimonio con su padre, el hijo ex-convicto y la hija divorciada y con una criatura; juntos deciden irse a vivir al campo en un bonito lugar dónde tiene que pasar una autopista y atraer a muchos turistas, montan un hotel y esperan a los clientes. Los pocos clientes que van llegando, por un motivo o por el otro se van muriendo en sus habitaciones y la familia los va enterrando para no dar mal nombre al hotel; así que van llenando el bosque de cadáveres mientras cada miembro de la familia tiene sus propios problemas. En su humor absurdo, acabará de una manera inesperada.

La felicidad de los Katakuris
La familia unida

Nos quedamos alucinados ya con los créditos del principio; una escena hecha con muñecos de plastilina y un stop motion bastante bien hecho que nos  cuenta una historia sangrienta sobre un alienígena y que después no tendrá nada que ver con la película, pero que sabe muy bien como captar la atención del espectador. A partir de ahí comprobamos que se trata de una historia bastante tonta toda ella, y lo corroboramos en cuanto vemos el primer número musical, nada despreciable, pero poco adecuado al momento y a la sensación que se quiere transmitir; es entonces cuando dejamos definitivamente de tomarnos la película un poco en serio y la aceptamos como lo que de verdad es, una parodia al thriller rural y una historia absurda y sin mucho sentido. Y ya cuando llegamos a la escena final, en la que todo se vuelve a filmar en stop motion de nuevo, acabamos con esta paranoia de una manera que solo Takashi Miike podía haber imaginado y que solo él se atrevería a llevar al cine.

Además de todo el humor (a su estilo y muchas veces difícil de percibir) y de la historia de muertes que se representa, podemos intuir aquí un indicio de reivindicación social, mostrándonos lo dura que es la vida de la gente que emigra de la ciudad al campo, algunos de los problemas típicos de las familias en Japón y algunos arquetipos de la sociedad japonesa.

La felicidad de los Katakuris
Los números musicales no tienen desperdicio

Miike, que en ese momento había dirigido ya algunas de sus película más célebres como Audition, Dead or alive o Ichi the killer; aquí empieza a jugar con todas sus capacidades como director y, aunque el resultado sea algo difícil de apreciar, el trabajo le sirve para aprender como mezclar distintos géneros en la misma película y para ir mejorando sus aptitudes de cara al futuro. La película tiene sus momentos de diversión y de trastorno mental, y hay ratos en los que la disfrutas de verdad, aunque como hemos dicho ya, a nosotros el conjunto final no nos ha acabado de convencer más que nada por falta de armonía entre sus distintas partes. De todos modos, creemos que es una película básica para entender muchas cosas posteriores de Miike como su sentido del humor, su afición por mezclar géneros, sus escenas oníricas o absurdas en mitad de la trama general, etc.

En definitiva, todo un clásico de Takashi Miike, en el que se mezclan su atípico sentido del humor, con un toque de thriller rural, con algunos números musicales de lo más divertidos y todo usando un estilo “especial” como sólo él sabe hacer, no es su mejor película (ni mucho menos), pero si un imprescindible para los fans del director.

  • Lo mejor de la película:

Nos han fascinado los créditos iniciales.

  • Lo peor de la película:

La falta de uniformidad que a veces nos fascina, aquí quizás no ha conseguido su propósito, aunque seguro que sirvió muy bien de aprendizaje.

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