La madurez de Miike en 13 assassins

13assassins

La película de hoy es algo muy especial para nosotros y para la evolución del cine asiático extremo en general, no sólo por lo que es sino por lo que ha significado dentro de la carrera de una persona muy representativa de la actualidad.

Y es que 13 assassins es sin duda la película que ha marcado un antes y un después en la carrera de Takashi Miike, que pasó de ser el más gamberro del panorama japonés con Films cómo Dead or alive o Ichi the killer, a experimentar con géneros distintos con Sukiyaki western Django o Crows Zero y ahora nos trae un chambara realizado con gran maestría. Así, este director que admiramos desde hace mucho tiempo, se ha ganado poco a poco un puesto respetable dentro del mundo del celuloide, llegando a ser conocido de forma mundial y consiguiendo unos presupuestos increíbles para poder ser capaz de realizar películas extraordinarias, y aunque nos cueste pensar que pocas veces más volverá con el cine tan especial con el que nos conquistó, le aplaudimos por llegar dónde esta ahora.

13 assassins
Escena de la batalla final

Hablando de la película, 13 assassins es un remake del clásico del mismo nombre dirigido por Eiichi Kudo en 1963, y no un homenaje a Los 7 samuráis cómo piensa mucha gente (el original 13 assassins fue acusado de copiar a Kurosawa, pero en realidad tenía el fin de reivindicar una situación política despreciable, no el de simple entretenimiento); y aunque el argumento es idéntico, los personajes, vestuario, escenarios… y aunque siempre hemos estado en contra de los remakes, creemos que este caso es uno de los pocos en el que, aunque puede que no fuera necesario, si que tiene sentido y se ha mejorado con creces el original; y es que gracias a hacer un remake, Miike puede dar a conocer una obra que no fue muy difundida (sobretodo fuera de Japón por razones políticas) adaptándola a la forma de hacer cine actual; también está claro que así puede olvidarse de algunos temas que ya tiene resueltos para dedicarse enteramente a conseguir un producto magistral.

El argumento es político pero no muy complicado, el hermano del Shogun es una persona despreciable y con mucho poder, por eso aprovecha para hacer lo que le apetece con la gente de linajes inferiores; nadie lo ve con buenos ojos, pero no se atreven a hacer nada por el sistema de poder establecido. Cuando llega el momento crucial en qué éste se reunirá con el Shogun y adquirirá más poder todavía, algunas personas deciden matarlo por el bien del pueblo, eso si, ocultando las identidades de todo el que participe en esta acción. Los samuráis encargados de tal misión reúnen a un grupo de guerreros capaces de morir por la causa y le tienden una emboscada en un pueblo por el que tiene que pasar él y todo su ejército.

El principio del film es impactante, con un seppuku de alguien que no sabemos ni quién es, pero al poco empiezan a aparecer personajes de la política japonesa y empiezan a aclarar toda la trama política, así toda la primera mitad de película trata sobre abusos por parte del hermano del Shogun y conspiraciones contra él, podría parecer un poco pesado, pero Miike nos introduce los temas de forma más o menos amena, utilizando flashbacks, dando protagonismo a los personajes principales y con alguna escena de las suyas. La segunda mitad transcurre entre la preparación de la emboscada y la batalla en sí, que nos ocupa unos 45 minutos y es la parte más espectacular de la película.

13 assassins
Los 13 asesinos

Aunque podáis pensar que más de dos horas pueden hacerse un poco largas, no lo son ya que cada minuto del metraje es imprescindible y en ningún momento se hace pesado; Miike aporta en esta versión precisamente lo que le faltaba al estilo clásico en el que se hizo la antigua: un ritmo narrativo ágil (sin voces en off ni largos silencios en escenas lentas y demasiado tranquilas), la introducción de una banda sonora perfecta para crear el ambiente adecuado, un carisma especial para los personajes principales, un realismo impresionante tanto en las batallas cómo en las discusiones (cosa que crea un ambiente bastante duro), algunos toques de humor en momentos en los que se los puede permitir y un par de bizarradas de su estilo (cómo el momento de la campesina sin manos ni pies). Se agradece también que no use sangre infográfica ni efectos especiales innecesarios para dar más realismo y centrarse en un par de escenas en qué son relevantes.

Miike se apoya para esta gran obra en una muy buena producción y en unos grandes actores cómo Kôji Yakuso (visto en Tokyo sonata o en Kairo) o Takayuki Yamada (de crows Zero o Gantz) ambos encantados de trabajar en más de una ocasión con él. Y consigue así la obra maestra que lo consolidará por fin cómo un director serio y capaz de cualquier cosa.

  • Lo mejor de la película:

Casi todo, desde el orden y la distribución de acontecimientos, el ritmo narrativo, la definición de los personajes… podemos contemplar una obra digna del mejor de los directores.

Aunque sea en realidad una película de denuncia política, el entretenimiento está asegurado durante toda su extensión.

  • Lo peor de la película:

Quizás los últimos 10 minutos, cuando todo ha terminado tenemos una escena innecesariamente larga que rompe todo el ritmo, por otra parte algo típico del cine japonés.

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