Tag: las chicas de Sion Sono

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Este año hemos podido ver tres películas de Sion Sono en el Festival de Sitges, dónde el director se está convirtiendo ya en todo un mito; la primera de ellas fue Tag, una película de la que nadie tenía mucha idea previa y todos nos aventuramos a ver lo que Sono nos tuviera preparado fuera lo que fuera. Como siempre en estos directores que hacen tantas películas al año, nos encontramos alguna que nos llena completamente y otras que nos parecen un poco más flojas; quizás esta no somos capaces tampoco de clasificarla cómo floja, pero no es lo que más esperábamos de un director que lleva dos años sorprendiéndonos demasiado gratamente.

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Tres etapas de la vida

La historia empieza con una autocar de jóvenes colegialas que van de excursión, la protagonista es Mitsuko, una tímida niña que en un momento dado, se agacha a buscar algo y… ZAS! El autocar es atacado por algo y toda la clase menos ella se queda sin cabeza; ella escapa de ese ente, pero de repente se ve en otro escenario, dónde ha cambiado de personalidad y edad, ahora es una estudiante de secundaria y, además de los típicos problemas con las compañeras, la clase también se ve atacada y ella tiene que volver a huir para encontrarse en otro momento, en el día de su boda, aunque no es un día feliz, todo el mundo la critica y se ve casi metida dentro de un ataúd, pero vuelve a escapar de todos y llega a una carrera en un momento de su etapa adulta, en la que corre por llegar a una meta inalcanzable; así hasta llegar al futuro, dónde averiguará quien es ella en realidad y lo que está pasando.

Así contada la historia parece un poco inconexa, repetitiva y simple, pero en verdad la película es así, ni más ni menos, una sucesión de escenas (todas ellas bastante extremas, eso sí) en las que se cambia completamente de escenario, protagonistas, etc. y que van pasando por los momentos más significativos de la vida de una mujer y nos narran, en forma de metáfora, lo duro que es el papel de la mujer en la sociedad japonesa (y en muchas otras), pero de una manera bastante fantástica y exagerada; todo conectado por una amiga que se encuentra en cada una de las épocas y que la ayuda a seguir su camino por encima de cualquier obstáculo, y por un final en el que uno de los pocos hombres que vemos en la película, le cuenta la realidad de su vida; por cierto, no lo contaremos aquí, pero fue un final que no nos convenció ni un momento, no sólo por simple y muy usado en el mundo del cine, sino también por la inmediatez de encontrar la respuesta, cómo si el director tuviera prisa por acabar y nos diera lo que estábamos esperando para sacárselo de encima.

La película es una adaptación libre de un libro llamado Real Onigokko, que nos cuenta la historia de un jefe que juega al juego de matar a todos los seres con un mismo apellido y del que ya se hizo una versión cinematográfica llamada The chasing world; aquí, Sion Sono ha querido cambiar el apellido por las chicas que rodean a la protagonista en cada momento, y ha aprovechado para hacer un tipo de reivindicación y añadir un final inspirado en el libro, pero algo más fantástico.

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Más extrema de lo que parece

Cinematográficamente es una auténtica delicia de película, todo con una fotografía impecable, muy bien montado, unas buenas transiciones entre escenas, una música sublime y toda la dosis de extremismo que podíamos pedirle a una película de Sion Sono. El problema viene en el momento de narrar la historia, cuando se nos hace una premisa inicial muy efectiva, extrema y atrayente, pero se nos va saltando a distintas escenas sin relación aparente, cada vez menos extremas y más repetitivas; seguramente nos habría gustado mucho más si se hubiera seguido de alguna manera la historia inicial de las colegialas y no se hubiese intentado buscar una aproximación y complicidad con las mujeres que vean la película (que tampoco creo que se haya conseguido demasiado, al menos fuera de Japón).

De todos modos, Sion Sono (Love exposure, Why don’t you play in hell?) nos ha vuelto a sorprender con algo que nadie se esperaba, para bien o para mal, pero siguiendo su estilo de director extremo, muy japonés y creador de confusión.

En definitiva, una película que no creemos que guste a la mayoría de los amantes del último cine extremo de Sion Sono, pero que todo el mundo tendrá que admitir que está muy bien realizada y, que al menos impacta y confunde al espectador.

  • Lo mejor de la película:

La primera escena es más impactante que el resto de metraje.

  • Lo peor de la película:

Un final bastante soso en comparación con el resto.

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