The battleship island, un drama bélico por todo lo alto

Battleship island

Para estos días, estamos con reviews de películas asiáticas vistas últimamente y que representan unas novedades bastante importantes. Battleship island no sólo ha sido un éxito en Corea del Sur, de dónde es originaria, sino que además viene precedida por una polémica bastante grande en cuanto a contexto histórico se refiere. Se trata de la reivindicación de unos hechos ocurridos durante la ocupación coreana por parte de Japón durante la Segunda Guerra Mundial que, aunque muchos lo tengan muy claro, el gobierno japonés se ha negado a reconocerlo hasta ahora; así que la película no ha tenido ninguna buena acogida por parte de algunos sectores y países. Pero tampoco os paréis aquí, que ya sabéis que esto es Katanas y colegialas y nunca os recomendaríamos una película triste y realista sobre las penas de la guerra; ésta tiene mucho más que eso. En el Festival de Cine de Sitges, tuvimos la oportunidad de visionar como estreno mundial el montaje del director, bastante más largo y, según el propio director, con una narración mucho más dura y cruel, que no quería mostrar en los cines convencionales debido a la afluencia de público más joven y deseoso de ver sólo acción y movimiento.

Battleship island
Unos protagonistas muy bien trabajados

Los hechos relatados son los de una isla completa con unos grandes yacimientos de carbón, que los japoneses habían convertido en una mina y que aprovechaban como campo de concentración para los prisioneros de guerra coreanos. La historia empieza con  una banda de música en Corea del Sur, no muy afectada por la ocupación por su capacidad de adaptarse y tocar música para ambos bandos; no obstante, tras el peligro acechante, se quieren trasladar a un sitio seguro y protegido por los japoneses, pero son engañados y llevados a una isla / campo de concentración para trabajar en la mina. Esa isla es una completa ciudad con todo lo necesario para la vida, tanto de los prisioneros (a los cuales se les llama trabajadores y tienen un salario, pero sólo como excusa) y para los soldados japoneses. Al principio intentan destacar como músicos y no tener que trabajar en las condiciones inhumanas de la mina, pero todos los coreanos son tratados por igual. Después de muchos problemas y de terminar por adaptarse a su nueva vida, llegan los bombarderos americanos, que destruyen gran parte de la isla; con esto, la llegada de un miembro de la inteligencia coreana para rescatar a un prisionero importante y el descubrimiento de unos secretos reveladores, deciden revolucionarse contra sus captores y escapar como sea.

Battleship island
Grandes escenas de acción

Ya sé que puede parecer todo un dramón, oscuro y triste tipo cualquiera que hayáis podido ver sobre campos de concentración (véase La lista de Schindler), pero nada más lejos de la realidad; aquí el director no pretende sólo denunciar unos actos contra la gente de su país, sino que lo hace por todo lo alto y con un gran espectáculo. Empezando por unas escenas de la gente que no sufría tanto con la guerra, introductoria sobre el período y el tipo de personas que protagonizará la historia, pero con bastante humor y despreocupación. Una vez en la mina, no veremos tanto la tristeza de los condenados y el sufrimiento de un pueblo entero sino que, centrándose en algunos individuos que se saben buscar la vida en las condiciones que sean necesarias, se nos presentará la situación como algo más ameno, como un tipo de vida alternativa, mala, pero soportable en la que veremos el día a día y muchos problemas, pero también tendremos escenas de acción (derrumbe de mina, peleas por el poder, escapadas nocturnas…), algo de humor negro y por supuesto su parte de drama. Pero justo cuando creemos que ya lo tenemos todo visto y con el tiempo de película que falta, que será el momento en el que nos empezamos a aburrir, todo estalla de repente: empieza la parte de la revolución y la escapada, el ritmo se vuelve muy rápido y sin ninguna caída, las escenas se convierten en épicas e incluso la música cambia completamente, todo para ofrecernos una película bélica de acción por todo lo alto; por cierto, precedida por un plano increíble de una imagen de los presos escondidos delante de una imagen gigantesca y demoníaca del villano japonés de turno.

Además de todo eso, debemos confirmaros que se trata de una súper producción, sin ningún ahorro en gastos y en la que todos los apartados están muy bien cuidados: fotografía, música, ambientación y vestuario, decorados… y con un ritmo muy bien cuidado, con un tono general bastante tranquilo, pero sin llegar a ser aburrido en ningún momento, introduciendo las partes de humor, acción, tensión… cuando es necesario para hacer fluir la historia con mayor interés.

Aquí debemos destacar la labor del director Ryoo Seung-wan (Arahan, Dachimawa Lee) ya considerado como uno de los grandes directores actuales de Corea del Sur y cuyas últimas producciones ya son sinónimo de éxito internacional (películas como The veteran o The Berlin file), pero que aquí quizás ha tenido que lidiar con un mayor presupuesto de lo normal y una historia mucho más completa y épica de lo que está acostumbrado, aunque ya sea normal en él reflejar mucha crítica a la sociedad en casi todos sus trabajos.

En definitiva, para nosotros una de las películas asiáticas vistas en Sitges con mayor calidad en general, no sabemos si llegará a trascender internacionalmente o será recordada dentro de unos años, pero no podéis dejar de verla tanto por lo que representa cómo por su nivel cinematográfico, más épica y grandiosa de lo que pueda parecer por su argumento.

  • Lo mejor de la película:

Hacer que dos horas y media pasen tan rápido como una película de las cortas.

  • Lo peor de la película:

Algunos personajes que a veces parecen completamente estúpidos para justificar algunas partes del guión.

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