El surrealismo japonés en Symbol

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Bienvenidos fans del cine asiático, hoy venimos con una nueva propuesta de película japonesa, un nuevo trabajo del inclasificable Hitoshi Matsumoto que ya os presentamos ayer con la reseña de su ópera prima Dai Nipponjin y que hoy nos trae su segunda película Symbol, con la cual creemos que ha evolucionado positivamente y al cual podremos acabar de juzgar después de ver su tercera y definitiva obra Scabbard Samurai.

Symbol es una historia surrealista que empieza con dos narraciones paralelas, una sobre un luchador de wrestling mejicano llamado Scargot Man y que curiosamente en la versión original podemos escuchar completamente en español (latino), y sobre su hijo que es su mayor fan. La segunda historia es sobre un tipo en pijama que se encuentra encerrado en una habitación llena de interruptores con forma de penes de angelitos y que al pulsar cada uno de los interruptores le darán un objeto distinto, el objetivo de este hombre (el verdadero protagonista de la película) será salir de la habitación, pero nunca conseguirá los objetos que realmente necesita. A partir de esta premisa se van desarrollando situaciones un tanto surrealistas y divertidísimas que harán avanzar la trama de la historia.

Symbol
Hitoshi y los pulsadores

Puede que la película os desconcentre un poco al principio y que os siga desconcertando más adelante hasta el final, pero no os preocupéis y sólo pensad en disfrutarla y reír un rato; para nada se os ocurra buscar la relación entre las dos historias iniciales, es un trabajo inútil, ya lo descubriréis cuando llegue el momento y entonces es cuando os daréis cuenta de la gran absurdidad que es esta película. Sin embargo tiene una imagen muy cuidada, una estética muy peculiar y trabajada a la vez, con los colores, formas e incluso algunas escenas cómo la de los cómics, etc. representa una escenificación de los arquetipos japoneses más importantes, sobretodo con los objetos que va obteniendo de los pulsadores: sushi, bonsáis, palillos, etc. además, en la segunda parte también juega con iconografías de otros países, ya veréis a que me refiero.

La trama principal nos da a conocer lo increíble de la desesperación humana y el consistente afán por obtener lo que no poseemos aunque no sepamos el qué.

El trabajo de Hitoshi Matsumoto ha mejorado mucho con esta película, no sólo en el aspecto gráfico y técnico, en los efectos especiales y en la calidad visual, sino que aunque nos encontramos delante de una película con una trama absurda o casi sin trama, la manera de contarla es muy dinámica y no te deja aburrir ni un solo instante, el espectador está en todo momento pendiente de lo siguiente que tiene que suceder y sin parar de reír; también su trabajo como actor (vuelve a tomar el papel de protagonista) es mucho mejor, con unas expresiones mucho más elaboradas, aunque quizás este papel da más de si y se presta más a la sobreactuación y la exageración. Aunque parece difícil ver una película casi con un solo actor delante de la cámara, la idea es muy original y muy bien llevada a cabo, muy amena y divertida.

En definitiva, nos encontramos delante de la segunda obra de un director que mejora a cada trabajo, una película divertida porqué sí y con muchos momentos inolvidables, podríamos decir que inclasificable.

  • Lo mejor de la película:

La forma de narrarla sin dejar espacio para el aburrimiento y la magnifica interpretación (o sobreactuación) de Hitoshi que nos mantiene siempre expectantes.

  • Lo peor de la película:

A algunos puede que no les guste tanto surrealismo ni un final tan dado a la imaginación del espectador, a nosotros nos encanta.

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