Red post on Escher Street, Sion Sono vuelve con una gran película

Red post on Escher Street

Como ya sabéis, hay algunos directores que ya se han convertido en unos básicos de este blog y que, hagan lo que hagan, no podemos dejar de seguirlos, ir viendo su evolución y comentaros lo que nos parece; uno de ellos es el japonés Sion Sono, que tanto nos ha deleitado con sus películas extremas y bizarras, pero que también se ha currado alguna película más tranquila y bien pensada. La película que os comentamos hoy es su última producción: Red post on Escher Street que, después de una bizarrada tan grande como Prisoners of the Ghostland, muestra un cambio radical en las apuestas del director. Es una película difícil de definir, pero si tuviéramos que hacerlo en pocas palabras, diríamos que es un drama de apreciación del séptimo arte con un buen mensaje social, con el que quizás el director ha querido centrarse un poco y hacer una película que le defina para la posteridad.

Red post on Escher Street
Una historia con gracia

La historia empieza con un casting; a un director algo independiente, pero que se hizo famoso con su última película le encargan un nuevo trabajo, con un guion algo simple y con muy poco presupuesto, pero él lo acepta con la esperanza de volver a sus inicios creativos; para que la película refleje mejor sus ideas, decide hacer el casting con aspirantes amateurs, con lo que se presenta mucha gente de diferentes tipos y con distintas aspiraciones y motivaciones. Más tarde, la productora intenta endosarle dos actrices protagonistas que se supone que son estrellas (o al menos de buen ver), lo que crea un gran descontento no sólo entre todos los aspirantes que hicieron el casting, sino también con el director que ve sus ideas traicionadas, así que todos los actores del casting se presentan de nuevo como figurantes y son recibidos con los brazos abiertos, por lo que al final la película no será exactamente lo que debería haber sido.

En realidad, no nos enteramos porque es justo al principio y no sabemos lo qué nos encontraremos después, pero la primerísima y corta escena inicial casi nos define el resto de la película completa. En toda la primera mitad de la película (y es una película algo larga), podemos ver tan sólo el casting a las actrices amateurs, pero no sólo eso, sino que de cada una de ellas (o de cada grupo que se presenta) vemos de dónde vienen, quién son e incluso qué las motiva tanto como para hacer el casting y tener tantas ganas de conseguir el papel. Como es ya típico de un director como éste, la segunda mitad de la película se desmadra completamente de una forma no violenta ni sexual, como suele suceder, pero sí muy alocada, y ya os lo contamos un poco más adelante.

Red post on Escher Street
Personajes muy marcados

La gracia de la película no es tan sólo el hecho de tratar con el metacine y la película dentro de la película, o con un director que intenta ser el reflejo de la ideología del propio Sion Sono, o de las vivencias que ha pasado, sobre todo después de los problemas de salud que tuvo, que seguramente le hicieron replantearse su vida y su trabajo. El mayor acierto de la película es que, lo que están rodando es una película llamada Masks, en la que el único fragmento de guion que oímos trata de que todo el mundo lleva puesta su máscara, lo que nos hace a todos iguales e indiferentes hacia el resto, creando una masa de gente bastante uniforme; pero precisamente, no Mask, sino Red post, está tratando justo de lo contrario, de cómo por mucho que se intente clasificar la gente y meter toda dentro de un mismo tarro, todos tenemos una personalidad propia muy marcada y que nos diferencia como personas individuales, y lo hace precisamente con personalidades muy marcadas y bastante locas para que nos demos cuenta de que todos somos igual de importantes y de que no hay mejores ni peores, sino personalidades muy distintas, aunque creamos que sólo somos extras en la película de alguien, todos tenemos nuestro protagonismo en nuestra propia película.

A parte del gran mensaje que nos intenta inculcar, la película en sí despierta el interés del espectador en todo momento, empezando por una historia de la que no tienes idea de por dónde va a terminar ni qué significa todo lo que estás viendo, pero que, por como está contado, te atrae sin poder resistirte; y más adelante, después de flipar con toda la gente involucrada, de sus caracteres y sus personalidades, juntando a eso algunas escenas más metafóricas, con algunas escenas que en realidad eran el sueño de alguien, algunos personajes que en realidad no existen, etc. Tenemos un final que no sólo está muy bien filmado, sino que, además de ser una auténtica locura, representa toda una oda de amor al cine en general y a todos los que son responsables de su creación, dónde no hay ningún papel menor que el resto.

Qué decir de su director Sion Sono (Love exposure, Cold fish) un director que sin duda sabe lo que hace y nos lo ha demostrado en varias ocasiones, aunque a veces se decante por el cine bizarro porqué sí y busque un público muy completo ávido de locuras y salvajadas; ésta es otra de sus grandes obras que se desmarcan de su filmografía nada típica.

En definitiva, una película que sirve tanto de oda al cine y a la gente que lo hace posible, como de mensaje social que nos cuenta que todos somos importantes e interesantes, aunque otra gente nos intente hacer pensar lo contrario. Una magnífica obra de Sion Sono que, aunque no sea del todo extrema, nos ha convencido.

  • Lo mejor de la película:

La primera parte del casting es estupenda, pero la última en qué se ve el rodaje de la película es aún mejor.

  • Lo peor de la película:

Un final un poco difuminado.

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