Zebraman, pasad al blanco y negro

zebraman

Una película japonesa algo extrema, pero sin pasarse, con toques de tragicomedia y una visión de los japoneses que ya habíamos visto en otros lugares, pero más exagerada. Y no estoy hablando de ningún dramón, os hablo de una locura de superhéroes, burla (u homenaje) al género Tokusatsu (ya sabéis, el de superhéroes y villanos con disfraces de latex) de Takashi Miike: Zebraman.

La historia se divide en tres partes, cómo muchas otras (a saber: inicio, trama y desenlace, cómo siempre); en la primera de ellas podemos ver la vida de un profesor en Yokohama bastante amargado, despreciado por sus compañeros de faena, sus alumnos y su familia. Para desahogarse no se le ocurre nada más que hacerse un traje de un superhéroe de una serie sin nada de éxito de cuando era joven (Zebraman), que se pone en casa y flipa con él, hasta que un día decide salir a la calle para dar un paso más y mostrárselo a un alumno paralítico con el que ha congeniado, pero entonces encuentra a un pervertido disfrazado de cangrejo, y se enfrenta a él; entonces es cuando se da cuenta de que en realidad tiene superpoderes y puede luchar con mucha destreza, lo que no ve es que el villano al que se ha enfrentado está infectado por una sustancia extraterrestre.

Zebraman
Zebraman exhausto tomándose un respiro

A partir de entonces va luchando contra un montón de criminales pervertidos y venciéndoles a todos; al final se da cuenta de que estos criminales están controlados por un ente extraterrestre que sigue los guiones de la serie Zebraman para apoderarse del mundo.

Al final tiene el enfrentamiento con el gran extraterrestre, y es allí cuando se transforma en un superhéroe molón de verdad y tiene una gran batalla en la que vence consiguiendo incluso volar.

La película está marcada por un tono muy realista (a pesar de los desvaríos de superhéroes) en el que se nos muestra la personalidad de muchos japoneses que tienen una vida aburrida e incluso traumática, pero por no quejarse se lo guardan en su interior y lo sueltan todo en la intimidad; sin embargo no os penséis ni por un momento que os aburriréis viéndola, a pesar de ser un poco lenta en algunos trozos debido a la manía de los japoneses de usar escenas muy estáticas o diálogos muy cortados y tranquilos para darle algo de emoción; aquí podréis encontrar los distintivos de siempre de Takashi Miike (director de otros desfases cómo Yatterman, Dead or alive o Ichi the killer) y son las escenas de splatter, los diálogos y escenas absurdas hasta más no poder, cómo la explosión de cabeza del policía o los niños apalizando al tendero con bates de béisbol; todo con mucho humor.

Pero lo que hace realmente grande a esta película es como se ha podido crear toda una mitología a partir de un personaje que en principio es lo más ridículo del mundo, y cómo se acaba convirtiendo en todo un ídolo mediático.

Unos efectos CGI bastante baratos durante todo el film, pero que no lo hacen peor, sino que le dan un toque más sarcástico y más de Tokusatsu clásico; una escena final espectacular que rompe con el resto de la película, con una gran batalla, momentos muy emotivos y que llega a la máxima absurdidad, todo a ritmo de death metal; una buena interpretación de Shô Aikawa que compartió trabajo con Miike en la trilogía Dead or alive y en Gozu, y que aquí sabe dar su cara más triste en todo momento, incluso en las escenas más ridículas.

En definitiva, un producto con suficiente espectacularidad, pero también con mucho humor y con sus momentos dramáticos (que no son pocos), apto para todos los públicos y fácil de ver.

  • Lo mejor de la película:

El final apoteósico con su death metal, su superhéroe de verdad y alguna ida de olla que no vamos a contar…

El arte de Miike para hacer una parodia de género que se vea seria y hasta trágica en algunos momentos, y en otros que raye lo absurdo.

  • Lo peor de la película:

Alguna escena se hace un poco pesada, quizás se podría haber acortado la duración saltándose alguna parte muy prescindible o haciéndola más rápida.

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